Trabajamos para vivir, no para morir, por Jaime Cedrún.



Como siempre que en el municipio salta la tragedia de un accidente laboral mortal, algo que no sucedía desde el 2 de febrero, el pasado lunes, CCOO de Madrid nos concentramos junto a UGT de Madrid en las puertas del Ayuntamiento de la capital. El objetivo de estas concentraciones es visibilizar la lacra que son los accidentes laborales, responsabilidad de empresas y administraciones, y que apenas tienen espacio en los medios de comunicación.

Trabajamos para vivir, no para morir. Por eso, mientras una sola persona muera en el tajo estaremos denunciando con todos los medios a nuestro alcance.

En esta ocasión el accidente mortal ha sido especialmente mediático por las circunstancias que lo han rodeado. Como es sabido, el siniestro sucedió en el festival de música Mad Cool. Es inadmisible y terrible lo que allí ocurrió. Está fuera de toda lógica humana que después de un accidente mortal el espectáculo continuara.

Nada más tener conocimiento de lo ocurrido denunciamos que la organización no ofreciera la información necesaria para detener el espectáculo y mostrar respeto por la muerte de Pedro Aunión, el equilibrista que cayó al vacío desde una altura de 30 metros.

Detrás de cada accidente mortal siempre hay una falta de medidas de seguridad, siempre hay unos responsables que no han adoptado las medidas de seguridad necesarias. Por ello vamos a exigir una investigación, porque aunque presumiblemente su relación fuese un contrato mercantil, se trata de un accidente laboral mortal. Siempre hay una coordinación empresarial necesaria en estos eventos, entre empresas y administraciones, que tienen que velar por la seguridad de todos sus trabajadores; aunque sean autónomos.

Esta exigencia de investigación del accidente está en línea con la decisión tomada por las Comisiones Obreras de Madrid y que no es otra que poner la seguridad y la salud de trabajadores y trabajadoras en el centro del trabajo sindical. Día a día venimos conquistando de forma colectiva nuestro derecho a la salud y la seguridad exigiendo responsabilidades a todos los actores de la prevención.

Es evidente que la precariedad alentada por la reforma laboral es cómplice directa de la siniestralidad laboral. Es cierto que desde que comenzaron los planes directores (acordados entre agentes sociales y gobierno regional) ha habido una merma de todo tipo de accidentes y, muy especialmente, de los accidentes mortales. En 2002 eran 178 los trabajadores y trabajadoras que morían en el puesto de trabajo. En 2012, la cifra se redujo a 54 personas muertas.

El avance es, sin duda, considerable, pero ese último año supuso un punto de inflexión y en 2013 comienza a crecer la siniestralidad, con 80 accidentes mortales en el año 2016. Este aumento nada tiene que ver con un aumento de la actividad, sino con el deterioro de las condiciones de trabajo que nos trajo la reforma laboral.

Así, la siniestralidad crece por circunstancias ajenas a la concertación social concretada en los planes directores regionales. Y por eso nuestro trabajo en salud laboral es también exigir en los ámbitos estatales un cambio en la normativa laboral. Además tenemos que profundizar en otras líneas de trabajo como los convenios que existen con instituciones como la policía, la judicatura, los ayuntamientos… Es objetivo primordial perseguir el delito de riesgo.

El pasado lunes nos concentramos por última vez frente al Ayuntamiento de la capital tras la muerte en Madrid de Pedro Aunión. 2016 finalizó con 87.220 accidentes de trabajo, un 7,38 por ciento más que en 2015. De ellos, 80 fueron accidentes mortales y 361 accidentes graves. Y detrás de cada una de estas cifras, el horror y la tragedia personal y familiar.

Nos encontramos en un momento político nuevo que se debe aprovechar para cambiar las reformas y las inercias que se han ido generando en los últimos años. La salud y seguridad en el trabajo deben ser parte relevante de las agendas de los partidos políticos y las instituciones para que el asunto se aborde como lo que es: un problema de salud pública de primer orden.

Jaime Cedrún, Secretario general de CCOO de Madrid.